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Carbon de origen vegetal, obtenido mediante pirólisis controlada de biomasa vegetal procedente de árboles no tratados, principalmente encinas. Producto 100 % natural y apto para agricultura ecológica.
Disponible en formato de saca Big Bag de 1m³ (350Kg aprox.)
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El Carbon vegetal (Biochar) es un recurso renovable con un elevado contenido de carbono orgánico estable y una estructura altamente porosa.
Gracias a estas cualidades, se convierte en un material extremadamente versátil, con aplicaciones en múltiples ámbitos: agricultura, jardinería y paisajismo, ganadería, tratamiento de aguas, así como en la recuperación y descontaminación de suelos.
Carbon vegetal (Biochar) tiene diversos usos, siendo uno de los principales en la agricultura y la horticultura. Al incorporarse al suelo, mejora significativamente sus características fisicoquímicas y estructurales.
La dosis por hectárea recomendada es de 3-4 toneladas (9–12m3) de carbon vegetal, en mezcla con 25 toneladas de estiércol o compost o humus de lombriz, etc., ya que favorece y facilita su aplicación evitando la producción de polvo, facilita la retención de nutrientes y mantiene equilibrada la relación C/N. Aportar en la línea de plantación, mezclado con el suelo, a una profundidad de 15-20cm y realizar un riego abundante.
La dosis por árbol recomendada es de 3-4 litros de carbon vegetal, en mezcla con 25 litros de estiércol o compost o humus de lombriz, etc., ya que favorece y facilita su aplicación evitando la producción de polvo, facilita la retención de nutrientes y mantiene equilibrada la relación C/N. Aportar en el fondo del hoyo o mezclado con el suelo a una profundidad de 10–15cm y realizar un riego abundante.
Aportar un 10-15% del volumen del contenedor con carbon vegetal, completarlo con sustrato y tierra y homogeneizar. Aplicar un riego abundante y realizar la siembra o trasplante.
| Peso | 350 kg |
|---|---|
| Dimensiones | 100 × 100 × 100 cm |

El biochar, también conocido como carbón vegetal agrícola, es un material carbonoso obtenido a partir de biomasa vegetal mediante pirólisis controlada. Su estructura altamente porosa lo convierte en un mejorador físico, químico y biológico del suelo. A diferencia del carbón vegetal tradicional, está diseñado específicamente para fines agrícolas, con aplicaciones que abarcan desde el aumento de la fertilidad hasta la mitigación del cambio climático.
Hoy en día, el biochar se reconoce como una de las tecnologías más prometedoras para la agricultura regenerativa, la captura de carbono y la transición hacia sistemas productivos más sostenibles.
El biochar se ha posicionado como una de las estrategias más efectivas para la captura y almacenamiento de carbono a largo plazo:
Lehmann & Joseph (2015), en su artículo Biochar for Environmental Management, destacan el papel fundamental del biochar como herramienta para la mitigación del cambio climático gracias a su capacidad de secuestrar carbono de manera estable en los suelos.
Un viñedo mediterráneo que aplica 10 t/ha de biochar puede fijar hasta 20 t de CO₂, equivalente a neutralizar las emisiones anuales de 15–20 coches.
Un análisis global estimó que, con una adopción masiva, el biochar podría reducir hasta 684 Tg de CO₂-equivalente por año, lo que representa cerca de un 8 % de las emisiones agrícolas globales. Esto lo convierte en un insumo clave para los programas de créditos de carbono y la economía circular.
El biochar actúa como un reservorio de agua en el suelo gracias a su estructura micro y nanoporo.
Jeffery et al. (2011), en su artículo Agriculture, Ecosystems & Environment, realizaron un meta-análisis de 51 ensayos llevados a cabo en distintos climas y tipos de suelo. Los resultados demostraron que el uso de biochar tiene un efecto significativo en la dinámica hídrica del suelo y en la productividad de los cultivos.
En horticultura bajo riego por goteo, el uso de biochar permitió reducir un 25 % el consumo de agua manteniendo la productividad, gracias a la mezcla de biochar en el sustrato.
Aunque no se considera un fertilizante en sí mismo, su incorporación al suelo genera efectos notables en la dinámica de nutrientes. Una de sus principales ventajas es el aumento de la capacidad de intercambio catiónico (CEC), lo que le permite retener potasio, calcio y magnesio.
Otro aspecto clave es su papel en la reducción de lixiviación de nitrógeno y fósforo. Gracias a ello, se evitan tanto los costes económicos asociados a la reposición de fertilizantes como los impactos ambientales derivados de la contaminación de aguas subterráneas y superficiales.
Chan et al. (2008, Soil Research) indican en su artículo un ensayo realizado en suelos arenosos en Nueva Gales del Sur, Australia.
Un productor de maíz que combine biochar con compost puede reducir hasta un 20 % la dosis de fertilizantes químicos, sin sacrificar rendimiento, lo que supone un ahorro económico y una menor dependencia de insumos externos.
Además de mejorar la eficiencia de los nutrientes, el biochar ofrece otros beneficios adicionales:
El biochar se presenta como una herramienta estratégica para regenerar suelos erosionados, ácidos, contaminados o con bajos niveles de materia orgánica.
Un informe de la FAO y CIFOR (2017), basado en proyectos piloto en África, documentó resultados contundentes en sistemas agrícolas de mandioca:
En olivares mediterráneos afectados por erosión, la aplicación de biochar junto con compost permitió mejorar la estructura del suelo y aumentar la producción de aceituna en un 20 % en tan solo tres años.
Más allá de la agricultura, el biochar ha demostrado un papel clave en la restauración ambiental y la reforestación. Se ha utilizado con éxito en proyectos destinados a recuperar suelos desertificados, estabilizar dunas y fomentar la biodiversidad vegetal, convirtiéndose en un aliado para la sostenibilidad de ecosistemas degradados.
El biochar no solo actúa como mejorador de suelos y capturador de carbono, sino que también contribuye de manera decisiva a la reducción de gases de efecto invernadero más potentes que el CO₂.
El artículo de Cayuela et al. Scientific Reports (2014), basado en un meta-análisis de más de 300 ensayos demostró:
En arrozales, donde el metano constituye una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero del sector agrícola, el biochar mostró un beneficio adicional: una reducción del 20 % en las emisiones de metano (CH₄), sin comprometer la productividad del cultivo. Este hallazgo es particularmente relevante en regiones de Asia, donde el arroz es un alimento básico y la reducción de emisiones tiene un alto impacto ambiental y social.
La respuesta del biochar no es uniforme y puede variar según la textura del suelo y el régimen de riego.
Uno de los aportes más valiosos del biochar es su capacidad para estimular la actividad microbiana. Gracias a su estructura porosa y estable, ofrece un hábitat protegido para comunidades de microorganismos beneficiosos, favoreciendo su proliferación incluso en condiciones de estrés ambiental.
La investigación de Kolton et al. (2011, Applied Soil Ecology) aporta evidencia clara:
En cultivos hortícolas bajo invernadero, la incorporación de biochar en sustratos dio lugar a plántulas más vigorosas y resistentes a patógenos radiculares, reduciendo la incidencia de enfermedades y mejorando la productividad.
Diversos estudios han registrado aumentos en la diversidad enzimática del suelo, lo que fortalece los ciclos biogeoquímicos del carbono, nitrógeno y fósforo. Esto consolida al biochar como una herramienta clave para lograr suelos más resilientes y sostenibles a largo plazo.
El biochar se caracteriza por su adaptabilidad a diferentes contextos productivos, lo que lo convierte en un insumo estratégico más allá del campo abierto.
La International Biochar Initiative (IBI, 2018) recopiló experiencias en Alemania que evidencian esta versatilidad:
En granjas lecheras europeas, la incorporación de biochar en camas de ganado permitió no solo mejorar el confort animal, sino también transformar los residuos generados en un recurso agrícola de alto valor, permitiendo cerrar el ciclo de nutrientes.
La investigación avanza hacia nuevas aplicaciones. Una de las más prometedoras es su uso en la alimentación animal, donde se evalúa su capacidad para mejorar la digestión y reducir las emisiones entéricas de metano, contribuyendo a la sostenibilidad de la ganadería.
El biochar se consolida como una solución innovadora para la gestión del agua y el control de la contaminación difusa en agricultura y ganadería, siendo ideal para sistemas de filtración y drenaje.
Gracias a los proyectos de la University of Minnesota (2019) de biofiltros, obtenemos los siguientes resultados:
En explotaciones porcinas, filtros con biochar instalados en zanjas de infiltración lograron reducir significativamente los olores y la carga contaminante de los efluentes, con un impacto positivo en la calidad del agua subterránea.
Este enfoque abre nuevas líneas de acción para la agricultura sostenible. Actualmente, universidades de Estados Unidos y Europa investigan el uso del biochar como componente clave de biofiltros avanzados, explorando aplicaciones tanto en la purificación de efluentes como en la mitigación de la contaminación difusa en entornos rurales.
El biochar se produce a través de la pirólisis de biomasa a temperaturas que oscilan entre 300 y 700 °C. Este rango de fabricación determina en gran medida sus propiedades físicas y químicas, influyendo en su estabilidad, porosidad y aporte de nutrientes.
Factores clave de la producción:
Dosis recomendada:
| Uso | Frecuencia | Dosis recomendada | Forma de aplicación | Observaciones |
| Cultivos extensivos | Anual | 0,5-2 t/ha al año | Incorporado en laboreo, superficial (10-15 cm) | Mezclar con estiércol o fertilizante mineral para evitar déficit de Nitrógeno (N) |
| Cada 2 años | 1-3 t/ha | Mismo método, fraccionando las dosis | Mantener equilibrio con Materia Orgánica (MO) | |
| Hortícolas | En cada ciclo | 2-6 t/ha por ciclo | En caballón o mezclado con el sustrato (5-10 % v/v en mezcla nueva; 2-4 % si repones) | Ahorro de agua y control de patógenos |
| Frutales y viñedos | Anual | 0,5-1 kg/planta o 1-3 t/ha al año | Hoyo, bandas radiculares o en la línea de riego | Mejor con compost o estiércol maduro |
| Cada 2-3 años | 1-2 kg/planta o 2-5 t/ha | Misma aplicación | Potencia arraigo y resistencia | |
| Suelos degradados | Escalonado (2-3 años) | 5-7 t/ha/año (total: 10-20 t/ha) | Laboreo profundo con MO (estiércol, compost) | Mejorar estructura y pH sin riesgo de hambre de N |
| Compostaje | Continuo (cada lote) | 2-8 % v/v | Mezclado en pilas | Reduce olores y pérdida de N |
| Ganadería - camas | Renovación frecuente | 0,3-1 kg/m2 | Esparcido en camas sobre paja/viruta | Mejora absorción de humedad y reduce olores |
| Ganadería - pienso | Uso continuo | 0,05-0,3 % de la ración | Mezclado en el pienso | Rumiantes: hasta un 0,3 %
Monogástricos: ≤0,2 % |
| Infiltradores de agua | Reacondicionar cada 2-3 años | 10-20 % del volumen | Mezclado con arena/grava en biofiltros o drenajes | Evitar saturación y mantener permeabilidad |
Proyectos piloto en Brasil han demostrado que su aplicación puede ser rentable en 7–10 años, con tasas de retorno superiores al 15 %. La viabilidad aumenta cuando se aprovechan residuos locales como materia prima y se integran ingresos derivados de créditos de carbono.
Aunque el biochar ofrece múltiples beneficios, es importante considerar ciertos riesgos y limitaciones para asegurar un uso responsable y eficiente:
Nuestro biochar cuenta con certificaciones oficiales y análisis técnicos que aseguran su seguridad y eficacia en agricultura ecológica, respaldando la confianza del agricultor.
El biochar no actúa de manera aislada: convive con otros mejoradores del suelo que aportan beneficios específicos:
El biochar sobresale por su doble función única: regenerar los suelos y capturar carbono durante siglos, combinando ventajas agronómicas y ambientales.
El futuro del biochar se proyecta más allá de la agricultura, con un papel cada vez más relevante en políticas ambientales, mercados emergentes y economía circular:
Se estima que el sector global del biochar podría superar los 3000 millones de dólares en 2030, impulsado por su versatilidad y valor como insumo agrícola y ambiental.
El biochar se consolida como un insumo multifuncional y estratégico para la agricultura y la sostenibilidad ambiental, ya que captura carbono durante siglos, mejora la retención de agua y nutrientes, regenera suelos degradados, reduce emisiones contaminantes, potencia la microbiología beneficiosa y ofrece aplicaciones en ganadería, filtración de agua y economía circular.
Su uso no solo incrementa la rentabilidad de los cultivos, sino que también contribuye activamente a la lucha global contra el cambio climático, alineándose con los objetivos de sostenibilidad de la agricultura moderna.
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